Algunos consejos culinarios de una novata

Sí, a mí también me quedaron las galletas duras. Pero me las comí. Sí, aunque gente desconocida me pida consejo o se desahogue en los posts de pastelería, yo no soy una experta cocinera, ni de lejos. También añadí el doble de levadura de repostería a unos muffins y me olvidé de echar el chocolate que había fundido pacientemente al baño María en la masa de un bizcocho cuando ya la tenía en el molde. No he podido recordar si había echado o no sal a un guiso y he tardado siglos en encontrar una especia cuando tenía que haberla añadido hacía diez minutos. Pero, después de un tiempito cocinando comida vegana y de cometer algún error que otro, he ido aprendiendo. Soy muy principiante en esto de la cocina y además me horroriza tirar comida (sobre todo si te has pasado un buen rato cocinando y aquella masa informe pretendía ser tu provisión de congelados para cuatro días), así que aquí van algunos consejos. Los cocineros avezados se los pueden saltar. O no.

La receta

Busca una buena receta. ¿Qué significa esto? Que busques una receta explicada al detalle, sobre todo si no distingues el color de la cebolla pochada del color de la cebolla tostada. Una buena receta te dirá:

  • a qué temperatura has de calentar el aceite o el caldo o lo que sea que pongas al fuego: fuego bajo, medio-bajo, medio, medio-alto, alto… y si tienes que tapar la olla o la sartén o dejarla semidestapada o no.
  • a qué temperatura exacta ha de estar el horno (¿qué coño es eso de «horno fuerte»? ¿250º? ¿220º? ¿horno «fuerte»?) Ya sabemos que cada horno es un mundo, pero un buen termómetro, que cuesta 12 euros, salva de esos apuros… siempre que te digan las palabras mágicas: «precalienta el horno a 180º», «precalienta el horno a 220º». Oh, qué maravilla.
  • modos uniformes de medición de los ingredientes: ¿qué es eso de poner, en la misma receta, gramos y vasos? «200 gramos de harina y 1 vaso de azúcar». ¿Mande? Aún más: ¿cuánto mide una taza en una receta española? Mis tazas son de 350 mililitros… Sí, ya sé que hay problemas para medir bien la harina cuando los libros son americanos y usan tazas, pero ese es un paso que hemos de sufrir todos. Y, si ya es difícil hacerlo con las tazas americanas (que yo tengo un juego de tazas y cucharas), con las españolas es para morirse: «medio vaso de los de vino». ¡Yo tengo copas! En el altillo del armario, porque ya no puedo beber vino. ¡No tengo chatos de vino! Ya me gustaría, porque me encantan, pero no me caben más cacharros en la cocina. Póngalo en mililitros, por favor.
  • usan ingredientes que puedes encontrar en la frutería del barrio… o por internet. ¡Y lo dice una que tiene en su despensa vinagre de umeboshi!
Bizcocho abierto y con pintitas brillantes. Ni se tiene que abrir ni tienen que salir pintitas brillantes: eso lo supe más tarde. Eso sí: rico estaba un huevo.

Antes de cocinar

Hay una serie de pasos imprescindibles antes de entrar en la cocina:

  1. Lee la receta.
  2. Vuelve a leer la receta.
  3. Entra en la cocina.
  4. Prepara los ingredientes (bueno, puede que tengas que ir a comprar algo antes)
  5. Saca los aparatos que necesites.
  6. Ya puedes ponerte a cocinar.

Leer y releer la receta

Sí, soy una experta en cocinar MIENTRAS voy leyendo la receta POR PRIMERA VEZ. Todos los libros de cocina dicen que no lo hagas y que releas la receta al menos un par de veces pero, claro, yo soy más lista que todos esos chefs (aunque no sepa cuándo la cebolla está ligeramente traslúcida y cuándo está doradita). Los mayores fiascos (ninguno muy grave, yo me lo como todo) han venido de no leer bien la receta: olvidos de ingredientes, ingredientes fundamentales que descubro de pronto que no tengo…

Si traducís del inglés las recetas, como yo, es una buena idea copiarlas en inglés y luego la traducción, para poder cotejar que no te has equivocado: no sé ya ni cuántas veces he echado cucharadas cuando decía claramente «cucharaditas». De hecho, han sido tantas veces que me estoy planteando volver a traducir con mucho cuidado todas mis recetas.

También hay que tener en cuenta que las recetas poseen su propio vocabulario: ¿no sabes qué es desglasar? ¿napar? ¿caramelizar? ¿saltear? No hay que preocuparse. En los diccionarios está la respuesta. Y hay un sinfín de glosarios culinarios en internet.

Indian Plate en Candle Cafe

Preparar los ingredientes

Oh, yo soy desordenada. Así que, mi máxima preparación de los ingredientes siempre era picar la verdura y ya está. Soy la reina de los boles: tengo dos de plástico medianos, tres de plástico pequeñísimos, tres cuenquitos que en teoría sirven para salsas minúsculas, un bol para la salsa para el sushi, otro bol para sopas estilo japonés, un grandísimo bol para ensaladas que uso para medir la cantidad final de comida que tengo y poder dividirla bien… Y vasos. Mi mejor amiga me dijo: ¿por qué no usas vasos? Y tengo que confesar que no se me había ocurrido. Sí, soy así de ilógica. Lo sé, es asombroso. Hay cosas que no me entran en la cabeza: que un vaso pueda servir para ordenar los ingredientes de una receta. Me lo anoto.

  • Como ya has leído la receta un par de veces y sabes si tiene inconsistencias o no, es tiempo de mirar si tienes todos los ingredientes. Para esto es imprescindible una despensa y un frigorífico ordenados. Yo lo hago por «familias»: las latas juntas, las legumbres juntas, las harinas juntas, los arroces juntos, las especias juntas y las pastas juntas. Una bacanal. Si no tienes algo, cómpralo, claro está. Si no lo tienes pero quieres sustituirlo por otra cosa que sí, adelante. Puede que quede rico, puede que no. Ya lo verás.
  • Piensa en cuánto te va a llevar realmente a ti preparar la receta y mira si tienes tiempo suficiente. La cocina y las prisas no se llevan bien. Hay quien dice que no tiene tiempo de cocinar. Mi cita favorita se la robé a Nigella Lawson. Dice que le cabrea soberanamente cuando alguien suelta esa chorrada: «bueno, sin ofender, tampoco están escribiendo Guerra y Paz«. Yo tengo un horario matador: aprovecho los fines de semana y algún día que llego a casa a las siete y media de la tarde en lugar de a las diez de la noche. Siempre hay tiempo para cocinar. Alimentarse bien es igual de importante que leer. No digamos ya que ver la tele (que yo la tengo desconectada). Hay libros de recetas rápidas, pero ciertamente yo he comprobado que lo que otros hacen en 10 minutos yo lo hago en media hora (y ensuciando todos los cacharros de la cocina, además). Así que sé que necesito mucho tiempo para cocinar. Cuanto más se cocina, menos tiempo se precisa para hacer algunas cosas, como picar o cortar.
  • ¿Tienes todo lo que se necesita? Es decir, batidora, horno, amasadora… ¿No lo tienes? Busca otra receta, es simple. Hay gente que tiene un sinfín de electrodomésticos y trabajan con ellos. A mano se puede hacer todo, pero si no lo explican, a lo mejor no sabes cómo. Yo no sé, sobre todo en las recetas de repostería.
  • Si la receta tiene vegetales o frutas picados, lávalos y pícalos. Si se oxidan con facilidad, como las alcachofas o los champiñones o las manzanas, un chorrito de limón puede ayudar, pero no siempre lo hará: no sabía cuán delicadas eran las alcachofas hasta que tuve que pelar ocho seguidas y las primeras, a pesar de mis cantidades ingentes de limón, se pusieron negras. Qué se le va a hacer. Pasará. Hazlo al final, pero tenlas preparadas igualmente.
  • Usa cuencos pequeños o vasitos para las especias y la sal. Pero sácalas antes y mídelas y ponlas en los vasitos. Y, por favor, pon todos los ingredientes juntos. Yo tengo una encimera grande que en realidad son dos porque hay una columna en medio. Cuando voy dispersando cuencos, algo se me olvida en algún punto.
  • Y hay que tener en cuenta que existen recetas que tardan poco en hacerse. Si te dicen: añade el ajo, fríelo un minuto y agrega la cebolla picada, no puedes estar picando cebolla mientras el ajo se quema. Puede que seas Billy el Rápido, pero yo tardo en picar vegetales, lo aseguro. Bien es cierto que tardo un poco menos de lo que tardaba antes. Pero sigo tardando. Cuando veo a Arguiñano en la tele picando cebolla sin llorar ni una pizca, me entra una envidia de la mala: lo hace en el tiempo que yo estoy pelándola todavía. Ay.
  • Preparar los ingredientes te dará control sobre lo que vas a hacer y luego, solo tienes que ir añadiéndolos a la sartén o la olla o la bandeja de horno. De verdad: hazlo. Puede parecer tedioso, pero más tedioso es volverse loca buscando jengibre molido cuando la cebolla ya se está quemando (sí, cuando se quema es marrón oscuro casi negro. Y no: una de las pocas cosas que no me han pasado nunca es quemar la cebolla: siempre la he dejado medio cruda, hasta que he aprendido, por fin, cuándo está pochadita. Sí, se aprende cocinando. Es una gran noticia).
Pizza hummus en cuencos de helado

Instrumentos imprescindibles

Lo siento, no soy buena en eso porque soy la tonta de los pequeños electrodomésticos. Eso sí: de todos los que tengo, que son un sinfín, los que más uso son mi recién adquirido robot de cocina, la batidora de vaso (sobre todo el molinillo de café que tiene, para las especias) y la batidora de varillas. No tengo exprimidor eléctrico: lo considero una soberana tontería. Jamás he usado mi mortero (pero lo tengo, por si acaso) y sin embargo, como odio el ajo a no ser que no se vea, mi prensador es lo más genial del mundo para mí, junto con un pelapatatas. El puré de patatas, por cierto, queda mucho mejor con un machacador de patatas (aunque yo no hago tanto puré como quisiera, porque la patata congela fatal). Sí considero que un buen juego de cuchillos es una inversión genial… y algún día tendré un cuchillo panadero que merezca el nombre.

Doy por hecho que tenéis cucharas de madera, sartenes y ollas y tapas. Y tablas para cortar. Y platos y tenedores y cucharas y cuchillos de mesa. Los demás electrodomésticos son prescindibles. A mano se tarda más, eso sí. Pero desarrollas brazos. Dicen. Yo suspiro por una Kitchen Aid, pero no sé para qué la usaría. Es que es mona. Y, si os da por hacer un blog de cocina aunque no sepáis cocinar, os volveréis locos comprando caminos de mesa de bambú, salvamanteles individuales y platos bonitos. Sí. De verdad.

Lo que necesitáis, os lo irá diciendo la experiencia. Yo pensé que jamás necesitaría un vuelcatortillas, pero como soy inútil dándole la vuelta a las hamburguesas, compré uno para no acabar con todos los platos rotos contra la vitrocerámica (lo hacía con un plato: casi se me resbalaba siempre). Mi madre pela las patatas y las zanahorias con cuchillo. Si yo uso un cuchillo, puedo transformar una hermosa patata de 200 gramos en una patatita minúscula de unos 50. Iréis viendo.

Dicen, además, que a la cocina hay que ponerle mucho amor. Y paciencia. Yo paciencia no tengo. Y, más que amor, lo mío se llama gula. Y ansiedad. Pero, si yo puedo seguir una receta y asombrarme por lo rico que está, vosotros también podéis.

Prometido.

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9 thoughts on “Algunos consejos culinarios de una novata

  1. Ay, me ha encantado! tan ocurrente como siempre! Además, mientras la leía estaba poniendo tu voz en mi cabeza, jaja.
    Y te diré que tienes mucha razón en lo que dices. Me he visto tan identificada en ocasiones….. pero todo se soluciona con práctica y organización (esa palabra que tanto fastidia que te digan cuando tu vida ya está encajada como la mejor jugada de tetris).

  2. jejejeje,,,,qué buena entrada!!…tan real como la vida misma…yo soy novatucha también, la cocina me encanta, la paciencia me suele traicionar y el amor, ahiiii el amor…yo le pongo mucho de eso, pero a aveces no me siento correspondida y después de horas de poner amor en los fogones al sentarte a comer el amor se transforma en patada en el estómago jajaja…eso si, como tu dices: siempre me lo como, no están las cosas para ir tirando nada… saludetes!! 🙂

    1. Yo, más que amor, intento ponerle paciencia. Una cubana que vivió conmigo una vez me decía: «Un día te vas a comer la pasta del nylon» (del paquete)…

  3. 😀 jajaja, me he reído mucho, pero es todo verdad 😛
    Lo de «volverse loca buscando jengibre molido cuando la cebolla ya se está quemando» todavía me pasa. No suelo sacar las especias porque mi encimera es bastante pequeña, así que las cojo directamente del armario de las especias, que como su propio nombre indica, es un armario de cocina lleno de CAOS Y DESTRUCCIÓN donde, cuando necesitas alguna especia concreta, se va de misión secreta y los demás botecitos intentan cortarte el paso, suicidándose contra tu cabeza si es necesario.

    1. Lo hice más o menos en clave de humor… porque a mí a veces se me olvida organizarme. Yo, si van juntas, las especias las echo en un cuenquito… 🙂

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