Rollitos de arroz y calabaza / Butternut squash and pumpkin seed rice paper rolls

Son suaves, digestivos, la salsa de soja con aceite de sésamo es, simplemente, espectacular, con esa mezcla agridulce que recuerda a las salsas japonesas y son un entrante maravilloso o un plato único ligero y saciante.

Receta extraída de Veganomicon, de Isa Chandra Moskowitz y Terry Hope Romero

Ingredientes para 12 rollos:

  • 450 gramos de calabaza, de la alargada (cucurbita moschata) pelada, sin semillas y en trozos de 1 cm, en cubitos
  • 2 o 3 cucharaditas de aceite de oliva
  • 12 papeles de arroz de 20 cm de diámetro (de los grandes)
  • 125 gramos de fideos vermicelli de arroz
  • 1 taza de cilantro fresco picadito (la albahaca también sirve)
  • 1/3 taza de pepitas de calabaza tostadas y saladas picadas groseramente

Salsa para mojar:

  • 2 cucharadas de salsa de soja (o tamari, sin gluten, para celíacos)
  • 3 cucharadas de vinagre de arroz
  • 1 cucharadita de aceite picante (con guindilla)
  • 2 cucharaditas de aceite de sésamo tostado
  • 2 cucharadas de azúcar

Preparación:

Prepara la calabaza. Precalienta el horno a 200ºC. Pon los cubos de calabaza en una bandeja de horno y mézclalos con el aceite. Añade algo más si lo necesitas. Coloca los cubitos en una sola capa y hornéalos 15 minutos. Saca del horno, mezcla y cocina 10 minutos más, hasta que estén tiernos y ligeramente caramelizados. Ponlos en un plato para que se enfríen.

Mientras la calabaza está en el horno, prepara los noodles tal y como venga en el paquete. Si el paquete no dice nada, calienta agua y hierve los fideos 10 minutos, removiendo de vez en cuando. Cuela y deja caer agua fría sobre ellos.

Coge un bol o un molde de tarta redondo grande y llénalo de agua muy caliente. Pon dos papeles de arroz juntos en el agua a la vez, completamente sumergidos y deja ahí 1 minuto, hasta que estén suaves.

Coge cada papel suavemente y ponlo en tu superficie de trabajo. Pon 1/3 taza de noodles en el tercio más cercano a ti del papel de arroz, dejando unos 3 cm de margen en los bordes. Pon una capa de calabaza sobre los noodles y luego espolvorea con el cilantro y las pipas.

Para enrollar, dobla los lados izquierdo y derecho del papel de arroz sobre los noodles, levanta la parte inferior (esos 3 cm que dejaste en el borde inferior) sobre el relleno y haz el rollito apretando firmemente, pero con cuidado.

Pon los rollos con el lado de la costura hacia abajo y córtalos por la mitad cuando vayas a servirlos.

Mezcla los ingredientes de la salsa muy bien para disolver el azúcar. Sirve con los rollitos aparte.

Por qué

Me llamo Olga y tengo colitis ulcerosa.

Es leve y en realidad soy una suertuda, porque puedo comer de todo, siempre y cuando no lleve absolutamente nada de picante. El alcohol he de moderarlo, pero, desde que me lo dijo el médico, creo que solo he tomado media copa de vino.

Cuando te diagnostican de colitis ulcerosa, te dan instantáneamente una lista con todos los alimentos que al resto de enfermos como tú les sientan bien, mal o regular. Resumiendo: el pescado al vapor o a la plancha y la ternera sientan bien; el resto de alimentos bastante peor. Así que me pasé meses comiendo ternera y pescado con alguna verdura, muy poca, de vez en cuando.

La segunda vez que fui al médico, me dijo que podía añadir cualquier cosa a la dieta (sorprendentemente, mis análisis de todo estaban bien) y, de pronto, me entró una obsesión curiosa por la comida sana. Verduras, legumbres, frutas y demás.

Nunca he comido demasiado de nada de eso. Mi dieta, como la de muchos, se basa en productos animales aderezados con algo verde. Me como una manzana a media mañana por aquello de que hay que comer fruta, pero tampoco es porque me encante especialmente. A mí la fruta que más me gusta es la fresa. Montones de fresas. Con nata.

Pero comencé a comprar libros. Veganos, todos ellos. Sin productos ni ingredientes de origen animal. El veganismo, más que una dieta, es un modo de vida. Quien es vegano mantiene que ningún ser vivo debería utilizarse para alimentar a otro, ni para servir a otro como sustento de nada. Hay condicionantes políticos, económicos y de sensibilidad hacia el reino animal, por supuesto: así pues, también rechazan las pieles, el cuero y cualquier otro elemento en el que se haya utilizado a un animal.

Yo no soy vegana. No sé si puedo serlo ni sé si quiero serlo. Quizá dentro de cinco años me vuelva ovolactovegetariana, ovovegetariana y vegana. Ciertamente, creo que comer es un acto político. Bueno, qué demonios: todo es un acto político. Consumir cualquier cosa es un acto político. Pero, egoísta y despiadada que es una, a mí lo que más me interesa en este mundo en relación a la comida es: que esté buena y que no me haga ir al baño tres veces seguidas o retorcerme de gases en cuanto termino de meterme el último tenedor en la boca.

He descubierto, también, que muchas recetas veganas de las que estoy probando me sientan bien. Quizá sea porque tienen poquito de todos los ingredientes: mezclan arroz con verduras o con legumbres, por ejemplo, o con tofu o seitán (que debería hacer yo, porque el comprado me sabe a salsa de soja gelatinizada). Me siento ligera y mucho mejor. He probado cereales que antes no me había parado a comprar, como el mijo o la quinoa, y constato que me gusta ir a la frutería del barrio.

No prometo actualizar mucho este blog, pero al menos me valdrá como archivo de las recetas que me sientan bien. Y, en honor a su nombre y teniendo en cuenta la poca bibliografía vegana en español, me gustaría que todas las recetas fueran veganas. Si no lo son, porque el blog es mío y con él haré lo que quiera, lo aclararé: en todo caso, serán vegetarianas porque no me parece de recibo, tampoco, que una persona concienciada venga aquí porque lo haya buscado en Google, pongamos por caso, y se encuentre con un filete de ternera de pronto: no es muy coherente.

Bienvenidos, los que quieran.