Más tipos de pasta – De la G a la L

Garganelli

Garganelli.- Son un tipo de pasta de trigo duro originaria de la región de Emilia-Romagna, se parecen a los penne, es pasta corta con forma tubular y una superficie estriada.

Ghiottole

Ghiottole.- Es una pasta corta que mide unos 45 mm de longitud y que es parecida a las hélices, pero con las estrías más anchas y profundas.

Gigli

Gigli.- Se llama gigli, que es “lirios” en español. Es una pasta corta, que acoge muy bien las salsas.

Gnocchetti sardi

Gnocchetti sardi.- Es una pasta corta procedente de Cerdeña, donde también se la denomina Malloreddus. A pesar de su color, no llevan huevo: solo sémola, harina, agua y azafrán.

Gnocchi di pasta, de Clara Pasticcia. La receta, pinchando en la imagen.

Gnocchi di pasta.- Es una pasta hecha como los ñoquis, pero sin patata, solo con agua y harina.

Gomiti

Gomiti.- Es una de las pastas más populares, porque aguanta bien todo tipo de salsa. Tiene forma de C y es tubular, con lo cual, si la salsa tiene tropezones, pero no excesivamente grandes, se introducirá en el tubo.

Lasagne festonata

Lasagne festonata.- Pues es una lasaña con festón, como podéis ver en la imagen. Queda muy remona para un relleno estupendo que deje ver los bordes.

Lasagne ondulate

Lasagne ondulate.- Es una lasaña que está ondulada también por el centro de la lámina y no es lisa. Acoge mucho relleno.

Lasagne verdi

Lasagne verdi.- Es una lasaña cuya masa se mezcla con espinacas o con el agua de cocer las espinacas para que quede verde.

Linguettine

Linguettine.- Es una versión más fina de los linguine.

Linguine

Linguine.- Son una especie de espaguetis planos, pero no del todo, porque tienen una sección elíptica (es decir, están gorditos por el centro). Miden unos 4 mm de grosor. En algunos lados se les llama trenette o bavette.

Lumache

Lumache.- Son caracolitos que acogen muy bien el relleno porque tienen huecos. Se sirve generalmente con una salsa que esté bien granulosa (como los ragús).

Lumaconi giganti

Lumaconi giganti.- Es una de las pastas más bonitas que hay. Parecen una especie de concha: son unas caracolas gigantes, muy adecuadas para rellenar.

Lumaconi rigati

Lumaconi rigati.- Son también caracolas, rayadas y huecas, ideales para rellenar.

Mantequilla vegana

Hace unos días me regalaron aceite de coco refinado. El aceite de coco refinado no sabe a coco y además es de peor calidad (para qué vamos a usar un aceite súper bueno para someterlo a un proceso químico agresivo). También me regalaron aceite de coco virgen extra y lo he utilizado una vez, porque a mí el coco no me va mucho (las bolitas dulces de coco y los coquitos es que los odio con todo mi ser). Y además, en España creo que no se cultiva, solo en el Trópico, lo que significa que viene de muy lejos y que, por mucho que ponga “ecológico” en la etiqueta, ha dejado de ser ecológico en cuanto se ha subido a un furgón o a un barco.

En los libros veganos estadounidenses se utiliza muchísimo para repostería, por ejemplo. Claro que también usan mierdas como “grasa vegetal”: ahí, a lo bestia. Yo he hecho alguna receta sustituyendo el aceite de coco refinado por aceite de girasol alto oleico o por aceite de pepitas de uva, que son los que tengo en casa y para estas cosas los voy alternando. Que podría tener aceite de oliva suave, que es la mejor opción, pero a mí el aceite de oliva que me gusta es el que es verde y pica. Entonces, teniendo aceite de oliva de Monterrubio o de Gata-Hurdes, para qué voy a usar yo aceite de coco. Que además luego da igual lo que le eches a la comida: aunque hayas hecho un perol como para invitar a todo el barrio a comer y hayas echado una cucharada de aceite de coco para ocho raciones, aquello sabe a coco. Por encima de cualquier otro sabor.

Vamos, que lo que yo vengo a decir es que, a no ser que me leáis desde Indonesia, Filipinas, la India, Sri Lanka, Brasil, Tailandia, México, Vanuatu, Papúa Nueva Guinea o Vietnam, esta receta no la hagáis. Si no os importa que os traigan las cosas desde quintaleche, pues qué se le va a hacer. Que es antiecológico e insostenible ya lo he dicho. Y si no os importa que sea un aceite refinado, que es básicamente una guarrería, pues también.

Yo la he hecho para usarla en galletas y cosas de estas que voy a llevar a la radio y la tele. El blog se enriquece con nuevas recetas y mis compañeros de ese trabajo megaobesogénico que tengo, se alimentan de calorías vacías mientras yo me como un trocito para probar. Todos ganamos. Ellos, porque les gustan los dulces. A mí también, ojo: yo comería bizcocho y tarta de zanahorias todos los días de mi vida para desayunar y para merendar. Pero, como una está intentando tomar decisiones conscientes en su vida, desayuno y meriendo cosas más lógicas: tostadas de pan integral con hummus y tomate, con tomate rallado, con aceite de oliva, frutos secos crudos y café. Esas cosas.

También os digo. La mantequilla la he adorado desde que descubrí que existía Portugal (viviendo en La Raya, a 20 km., lo descubrí muy pronto) y desde que la manteiga Primor entró en mi vida (que también fue pronto). Ni la leonesa, ni la asturiana, ni ninguna otra. La Primor es infancia, viajes a Portugal, panes de aperitivo tostados antes del bacalao dorado, las almejas y la çapateira. Ya no como ninguna de esas cosas. Pero me dije: a ver a qué sabe esta mantequilla, vamos a meter el dedo.

Y no sabe a Primor, pero sabe a mantequilla. Tampoco en plan súper bestia, porque no es mantequilla. Pero sabe. De verdad. Así que la voy a poner (me lo he pensado, ojo) porque, primero, ya la he hecho; segundo, circula por todas partes en internet y siempre tiene aceite de coco refinado y tercero, porque no la voy a volver a hacer jamás, que a ver por qué voy a comprar yo aceite de coco refinado alguna vez en mi vida, pero quedará como recuerdo. Bueno, lo mismo algún día me voy a Indonesia a vivir, pero por ahora no entra mucho en mis planes.

La receta es de la enorme Miyoko Schinner. Y yo debería haber hecho como ella, que es coger una tostada monísima y hacer una foto. Pero solo tengo ese pan tostado que veis ahí, porque el que uso para desayunar se me acabó. Antes de hacer las fotos me quedaban dos tostadas. Pero es que yo me levanto a las seis, ¿sabéis? Aunque esté de vacaciones. Así que esperar a que sean las once, que haya luz para poder hacer la foto, sin comer… Vamos, hay gente que por las fotos lo da todo. Yo no. Yo me levanto a las seis, me hago un café y, como tarde, a las siete y media estoy comiendo.

Ingredientes para unos 450 gramos:

  • 300 gramos (1 y 1/2 tazas) de aceite de coco refinado líquido (ojo: no virgen extra)
  • 110 gramos (1/2 taza) de leche de soja, de anacardos o de almendra (yo usé de almendra casera)
  • 55 gramos (1/4 taza) de aceite de colza, de oliva ligero o de pepitas de uva (yo usé de pepitas de uva)
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 2 cucharaditas de lecitina de soja líquida o de 4 a 8 cucharaditas de lecitina de soja en gránulos (la lecitina de soja impide que se separen los ingredientes: yo usé 6 cucharaditas).

Preparación:

Pon todos los ingredientes en el vaso de la batidora y bate a velocidad media durante 1 minuto, hasta que toda la mezcla esté emulsionada. Luego, ponla en unos moldes de silicona, para que te sea más fácil desmoldarla, o en cualquiera que tengas a mano y que no sea de silicona, pero fórralo con papel vegetal. Déjalo en el frigorífico varias horas para que se endurezca y ya está listo. También lo puedes poner en el congelador para acelerar el proceso. En la nevera te durará 3 o 4 semanas y, en el congelador, lo hará varios meses.

Hay otras maneras de variar esta receta. Como yo no voy a comprar aceite de coco refinado, no sé cómo quedarán. Pero, tratándose de Miyoko, quedarán bien. Esta mujer es una garantía.

Mantequilla añeja: Reemplaza la leche vegetal por 1/2 taza de yogur de soja natural sin edulcorar ni azucarar o añade 1 cucharadita de vinagre de sidra o zumo de limón a la leche vegetal.

Mantequilla muy dura: Esta mantequilla sirve para hacer hojaldre, croissants y cosas así. Incrementa el aceite de coco: echa 2 tazas y 1/2. O usa 1/2 taza de mantequilla de cacao desodorizada en lugar de 1/2 taza del aceite de coco.

Mantequilla batida: Incrementa el aceite en 1 cucharada y bate a alta velocidad durante 2 minutos para incorporar todo el aire que sea posible.

Mantequilla sin sal: No eches sal a la receta y ya la tienes.

Hummus con aceite de sésamo

Seamos claros. Este blog tiene las dos mejores recetas de hummus que hay sobre la faz de la Tierra. ¿Que por qué lo sé? Porque he probado muchos: en restaurantes y caseros. ¿Cuáles son? El hummus del Candle Cafe, que es un restaurante vegano muy mono de Nueva York, y el hummus con zaatar (nota mental: preparar zaatar). Pero había cocido garbanzos, quería escribir más recetitas en el blog, todavía tengo mucha comida que gastar antes de ponerme a cocinar como una loca, tengo que ir a comprar, pero no tengo ganas porque la primera semana de mis primeras vacaciones (desde el viernes 9 hasta el domingo 11) me la pasé, primero, encerrada en casa porque no se podía salir a la calle; después, saliendo a la calle más que nunca, hasta las mil de la madrugada (viva, viva) con gente interesantísima, uno de los cuales me dio una receta de una ensalada de endivias que él hace muy sencilla y simple, pero que voy a colgar aquí… y luego copiando recetas en una libreta preciosa que me compré cuando fui a ver la exposición de El Bosco. Que la tengo casi llena, pero no he hecho (casi) nada aún:

Mi libreta del Bosco
Mi libreta del Bosco. La imagen es del Museo del Prado

Yo es que siempre que voy al Prado compro algo. Generalmente, un catálogo de la exposición, cuando tengo dinero. Pero ya me había apañado en la feria del libro de Badajoz esta maravilla. Que sé que es una maravilla porque, nada más comprármelo, se lo llevó mi amigo Manolo y me lo ha dicho, que yo todavía estoy con la Guía para viajeros inocentes de Mark Twain, traducida MARAVILLOSAMENTE por Susana Carral.

Me sale la periodista cultural que llevo dentro, qué queréis que le haga. Pero vamos con las cosas del comer. La receta está sacada del libro Recetas de tapas y pinchos, de David Caballero, que llegó a mi trabajo un día y que yo robé vilmente, porque yo todos los libros de cocina que llegan a mi trabajo, los robo. Tiene un apartado de tapas vegetarianas (no veganas) y otras que son con carne y más o menos veganizables.

Ingredientes:

  • 300 gramos de garbanzos cocidos
  • 2 dientes de ajo de pequeños a medianos, sin el germen y picado en tres o cuatro trozos
  • 60 gramos de aceite de oliva (siempre virgen extra. Ya sé que nunca lo pongo, pero es que lo doy por sabido, porque para qué queremos aceite de oliva refinado en nuestras vidas: para nada)
  • 1 cucharadita de aceite de sésamo (sin tostar)
  • El zumo de 1 limón (el mío era chico y me salieron 25 ml)
  • 120 ml del líquido de cocer los garbanzos o de agua
  • 1/2 cucharadita de pimentón de La Vera dulce
  • 1/2 cucharadita de comino molido
  • 1/2 cucharadita de sal fina
  • 70 gramos (3 cucharadas) de tahini blanco

Preparación:

Como todos los hummus, es muy sencillo. Se ponen todos los ingredientes en el robot de cocina o en la batidora y se baten bien. Yo le quito el germen al ajo y lo pico, porque me he dado cuenta de que, en el robot, el ajo no se pica bien y luego te encuentras el trozaco entero. Luego lo pruebas y añades lo que más te guste: algo más de sal, algo más de limón, o comino o pimentón.

Este hummus queda más líquido que los anteriores que hago, porque a mí el hummus me gusta como para enfoscar. Es decir, es apto para untarlo con pan, por supuesto, pero también para comerlo con crudités. Los crudités son verduras crudas que uno usa para mojar: palitos de zanahoria, palitos de pimiento verde o rojo, de apio, de calabacín, de pepino o de lo que os apetezca. Se puede utilizar también como aliño de ensaladas. El hummus tiene muchísimas posibilidades. Y es uno de los platos más ricos del mundo.

El libro es este. No es vegano, ni vegetariano siquiera, pero como me leen muchos omnívoros, lo mismo os gusta. Eso sí. No lleva fotos. Yo sé que las fotos encarecen los libros de cocina hasta lo indecible, pero con fotos son más monos: