Prima la calidad

Tupper de la fruta

Este es el tupper con fruta que me llevo al trabajo todos los días. Normalmente, lleva una manzana de tamaño mediano, 15 o 20 gramos de frutos secos, una cucharada de semillas de chía y 100 ml de leche. En ese que veis, hay dos manzanas grandes, medio kilo de fruta. Más 20 gramos de nueces, que no se ven y 100 ml de leche de soja, que la chía se me olvidó. Y canela, por supuesto.

La manzana sola pesa más de medio kilo.

En el trabajo, que es donde yo asocio estrés y «levántate a por quicos o patatas», hay varias máquinas de vending. Y muchas veces los compañeros traen tarta o pasteles o roscas o lo que os queráis imaginar. Paso ocho horas en uno de los ambientes más obesógenicos del mundo, lo aseguro.

Vegan for her, de Ginny Messina

Este fin de semana me he puesto a leer Vegan for her, Vegetarianos con ciencia y Vegetarianos concienciados. Y las dos nutricionistas dicen una frase idéntica: «Preocúpate por la calidad de tu comida y luego ya te preocuparás por la cantidad«.

Siempre será mejor comerse medio kilo de fruta que comerse 250 gramos de fruta y tres bolsas de patatas y una de quicos. Digo yo.

Así que me fui a Badajoz y, mientras yo hacía un curso, mandé a mi madre a la frutería a por manzanas y peras y me compró todo esto (y más que no se ve): manzanas, peras, melocotones, un mango, ciruelas rojas y amarillas, uvas y fresas. Esto Aitor Sánchez (AKA Mi dieta cojea) lo llama «disponibilidad».

Frutero repleto

Yo, la fruta sola, no me la como. Ya está. Lo asumo. No hay más. Yo me llevo una manzana al trabajo y me puedo estar llevando la misma manzana durante 40 días mientras me como todos los quicos de la máquina. A veces veo a mis compañeros del grupo del pero con envidia (son los chicos de documentación: a media mañana salen todos juntos a comerse una pera o una manzana: los llamamos así, «los chicos del pero»), porque ya me gustaría a mí que me encantara pegarle mordiscos a una fruta, pero no.

Pero, ¿cómo primamos la calidad?

Pues con unas recomendaciones muy simples. Esto sirve para todo el mundo, siempre que no tenga algún problema de salud:

  • Prima las verduras y las frutas sobre cualquier otra elección de comida.- La OMS dice que hay que tomar, como mínimo, 400 gramos al día. Y es un mínimo. La cantidad de verduras y hortalizas debería ser, en las comidas principales, al menos de 250 a 300 gramos. Repetimos: al menos. La patata y el boniato, por cierto, NO son verdura. Son hidratos.
  • Incluye en las comidas principales una ración proteica suficiente.- Es decir, come legumbres, tofu, soja texturizada, tempeh, natto (si lo encuentras: yo nunca lo he encontrado) y, si no eres celíaco, también puedes comer seitán, pero teniendo en cuenta que está rico y nada más, porque su proteína no es de buena calidad. Eso sí. Da mucho juego. Yo lo como de ciento en viento.
  • Si tomas hidratos de carbono, haz elecciones conscientes también. Pasta integral, arroz integral, cuscús integral… son mejores que sus versiones refinadas. También puedes elegir patata, boniato, quinoa, mijo, trigo, espelta, cebada… Pero los hidratos no son imprescindibles. De hecho, yo el único que tomo todos los días es la tostada de pan integral del desayuno.
  • Bebe agua. Ni refrescos, ni cerveza, ni vino. Agua.
  • Toma la B12. Esto no admite discusión. Si tenéis más de 50 años y os coméis a todos los animales de la tierra por los pies (sí, me leen muchos omnívoros), también tomaos la B12. Si vivierais en un país con nutricionistas en el sistema de salud, os la mandarían.
  • Ve a un nutricionista si tienes dudas sobre tu alimentación o si estás dejando de comer animales.
  • Controla el estrés. Si tienes ansiedad, un psicólogo te puede venir bien. Si no sabes cómo han de trabajar, estoy haciendo un programa de radio de psicología en el que lo explicamos. Si vives en España, posiblemente te pueda recomendar a alguien.
  • Haz deporte y ten una vida activa.
  • Disfruta de tu ocio. Sé exigente con tu ocio. Aprende cosas nuevas.

 

Puré de calabacín con anacardos

Hay una manera de hacer cremoso un puré: añadir grasa. Puede ser nata, puede ser mantequilla (yo uso estas palabras para referirme a sus equivalentes veganos, aclaro) o puede ser con aceite de oliva o frutos secos, que es lo que he usado yo. Anacardos. Tan versátiles, los anacardos. Y entonces, con una buena batidora, queda así de cremoso.

Puré de calabacín con anacardos y cucharita de gatito

Sí: es un puré. Y no tiene mucho más. De hecho, este fin de semana solo he hecho puré y un kilo y medio de bacon de tempeh porque tengo un sinfín de verduras de todo tipo congeladas, pero no demasiada proteína (solo garbanzos). Y me he quedado en casa, leyendo, por primera vez en muchos meses (leyendo y disfrutando el Piedras Negras de Eugenio Fuentes, al que tengo que entrevistar) y sin excesivo quebradero de cabeza, también por primera vez en meses.

No canto victoria. Hasta dentro de un año, no cantaré victoria con nada. Pongo aquí la información nutricional por 100 gramos. Recordad que, si tomáis más, porque 100 gramos no es ni verdura, hay que sumar.Ingredientes para 4 raciones:

  • 1 puerro (unos 100 gramos), limpio y picado
  • 2 dientes de ajo picados
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 3 calabacines grandes (1 kilo, más o menos)
  • 150 ml de agua
  • 17 gramos (1/4 taza) de anacardos (si no tenéis batidora potente, dejadlos a remojo al menos dos horas)
  • 1/2 cucharadita de sal
  • Pimienta, nuez moscada…

Preparación:

Calentad una olla y, una vez caliente, a fuego medio, añadid el aceite. Cuando el aceite esté caliente, sofreíd el puerro y los ajos 5 minutos. Agregad los calabacines, sofreídlos 10 minutos. añadid el agua y la sal y dejad cocer 20 minutos. Luego, batid con los anacardos (si vuestra batidora no es potente, es mejor dejarlos a remojo, desde 2 horas a toda la noche) y la levadura nutricional y añadid pimienta negra, nuez moscada o copos de chile o lo que queráis.

Del resto de las cosas

Así se llamaba una cinta de cassette que me regaló Nerea hace mucho tiempo (estábamos ambas en la Facultad), con poemas de Jorge Riechmann y de otros, recitados por ella, textos suyos. Yo escribo bebiendo un purgante. Que ya podría elegir días más bonitos, pero qué mejor que estar de baja y tener que hacerte una colonoscopia a las tres de la tarde para ponerte a escribir tranquilamente. Sobre todo porque el día siguiente estás de baja también y porque estás pagando un servidor carísimo que no usas y luego te entra complejo de culpa por no tener tiempo siquiera para tu ocio y…

¿En qué momento comenzamos a ir tan rápido y a no tener tiempo para nada? A ver, yo ahora lo tengo claro. Salgo del trabajo a las cuatro. Me largo al hospital a rehabilitación una hora y pico. Llego a casa, me visto y me voy al deporte dos días por semana. Otros días he tenido fisio. Un día tengo que escribir el artículo del periódico… Y no sé cuántos libros por leer y ni ganas de nada salvo de estar en mi casa calentita.

Autoestima

He comenzado un nuevo programa en la radio. Se llama «Las perras de Pavlov«. Esta es su página de Facebook. En el primero, hablamos con Daniel Palacino sobre qué es un psicólogo. También se ha colgado en iVoox. En el segundo, llamamos a José Manuel Campo para que nos explicara qué es la autoestima (también en iVoox). Imanol es un magnífico divulgador. Le podéis encontrar en Facebook e Instagram.

Yo, generalmente, llevo cultura. Desde hace diez años ininterrumpidamente. Pero esto me sirve para aprender cosas nuevas, porque de ciencia sé bastante poco (más bien, nada).

He cocinado durante todos estos meses de «no quiero hacer nada, pero hago porque me obligo» infinidad de platos a los que no me ha dado tiempo de hacerles una mísera foto. He hecho un seitán exquisito, puré de calabacín con anacardos y salsa de berenjenas con tomate para pasta… Pero me digo: a ver, tampoco se acaba el mundo porque no tenga tiempo de hacer fotos. Ni porque calcules mal las verduras y estés cocinando hasta las once de la noche sin parar y ya se haya ido la luz. Escribe cuando tengas ganas y ya.

Nunca había tenido esta sensación de no llegar a todo. Y creo que es algo que nos pasa mucho a todos: el no llegar ni hasta el ocio. Y mucho menos a conjugar todas las parcelas vitales (y eso que yo tengo pocas: es decir, no tengo pareja ni hijos a los que atender) para que haya un cierto tipo de equilibrio entre unas y otras. Hablamos de parar, de descansar y no paramos ni centramos la atención en lo que hacemos porque estamos pendientes de otras cosas.

Por lo pronto, me planteo no agobiarme porque no he hecho las fotos. Ya vendrán las recetas. Ya vendrá la vida.