Ororo cumple cuatro años

Así comienza tu día…

Es la que más tarda en venirse al salón cuando me despierto. Puede pasar horas enteras en otra habitación, sin verme: en otoño e invierno, donde le dé el sol. Eso sí: si me siento a leer, ya puede andar encima de la estantería más alta de la casa y roncando, que tarda medio milisegundo en bajar para hacer esto…

Esto se llama lactancia prolongada y lo demás son tonterías. Lo he contado más veces: a Ororo la repudió su madre y entonces, mama de mi cuello a todas horas. Es muy bonito, pero duele. Sobre todo cuando no le corto las uñas en un mes. La lengua raspa y te deja el cuello hecho polvo, amasa clavándote las uñas… Vamos, que no es tan romántico como los comentarios de las fotos que pongo en el Facebook quieren hacer ver. Cuando voy al baño, se sienta en la silla. No tengo intimidad en esta casa:

Ororo se ha cargado cables para aburrir. Pues bien, hace relativamente poco, leí un artículo en el que explicaba que, cuando los gatos viven con sus mamás, su madre les riñe para que ellos hagan lo que están haciendo con mucho más ahínco. Yo le reñía a Ororo, con mucho aspaviento. Pues bien: lo que hay que hacer es cogerla por el cuello, como la cogería su madre, y apartarla suavemente. Lo probé un día que andaba mordiendo el cable del flexo. La quité. Volvió a morderlo. La volví a quitar. Y se quedó ahí quietita. No ha vuelto a morderlo.

Antes hubiera sido un juego: yo riñendo y ella volviendo con más fuerza. Leo las cosas tarde: las instrucciones del punto del brownie cuando ya está el brownie hecho, cómo educar a un gato cuando el gato me debe 300 euros en cargadores…

Uno de sus sitios favoritos

Sigue siendo la más empática de mis gatos y la más pesada, porque no me deja leer en paz ni un segundo: aparta el libro con la cabeza, se pone en medio para que la acaricie… A veces es irritante, qué queréis que os diga. Luego se pone ahí detrás, mientras yo escribo, y me la quiero comer porque de vez en cuando me da con la patita en el hombro. Otras veces se me pone demandante. Por ejemplo, para que le abra el grifo de la bañera: Es una gata maravillosa. La primera que sabe si estás mal, la primera que te cuida y te cura, aunque a veces te pases casi todo el día sin verla. Es cariñosa, independiente, empática, habladora y fascinante. Y hoy cumple cuatro años.

Ororo arriba y Huck, sentado en mi sitio, abajo. Cuando leo, Ororo se pone justo ahí.

En primavera y verano, duerme con la cabeza apoyada en mi cara, encima de la almohada. En otoño, debajo de la colcha, entre mis piernas. Primero araña el edredón. Luego se pone encima de mí para mamar (sí, mama a todas horas). Luego se mete debajo de la colcha. En invierno, debajo del edredón y tengo que andar con cuidado de que Coyote no se abalance encima de ella…

Se pasa las mañanas peleándose con Huck, que es un bendito que solo quiere jugar (¿os he dicho que Ororo tuvo mala socialización?) y las tardes peleándose con Coyote a lo bestia, justo un rato después de haberse acercado toda zalamera para que Coyote le lama la cabeza y le dé besitos. Ella es así: amor, sí. Pero cuando yo quiero.

Feliz cumpleaños, vida mía. Te adoro.

Fabada de mi madre

Fabada vegana
Fabada

“Las cuezo con una hoja de laurel y media cebolla y le hago un sofrito, tomate, cebolla, ajo  y pimiento verde y en el sofrito rehogo la morcilla. Se saca la morcilla,se bate el sofrito y se añade a las judías. Se deja cocer todo junto como 10 minutos. Yo cuando bato el sofrito le echo una cucharada de judías: quedan mas espesitas”.

Este es, literalmente, el mensaje de WhatsApp de mi madre cuando le dije que tenía una morcilla vegana, regalo de Vegan Place, que es esta:

Morcilla riquísima
Morcilla riquísima

Total, que la tenía muerta de risa en el frigorífico y pensé: “ya ha llegado el fresco, apetece un potajito, mi madre hace unas judías tremendas…” y le pedí la receta. Luego la llamé por teléfono, porque ella usa la olla rápida y me dice: pues vas viendo. En la olla rápida. A poner ollas rápidas, que para eso tengo tres. La receta se puede hacer en crock pot también y así, con una cocción lenta, las legumbres son muy digestivas. Pero yo las necesitaba para comer a mediodía y puse la olla rápida… Y, además, esta receta es asombrosamente fácil…

Fabada
Fabada

Ingredientes para 5 raciones:

  • 1 morcilla vegetal. La podéis comprar o hacerla vosotros. Yo nunca la he hecho. También le podéis poner chorizo.
  • 240 gramos de alubias blancas. Yo usé de las pequeñas porque no tenía fabes. Se ponen a remojo durante 8 horas como mínimo.
  • 1 hoja de laurel
  • 1 casco de cebolla
  • 1 cebolla pequeña
  • 1 tomate pequeño
  • 1 pimiento verde pequeño (Cristina, por ejemplo, le pone pimiento rojo)
  • 2 dientes de ajo picados
  • Agua
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • Sal al gusto
Fabada
Fabada

Preparación:

En la olla rápida, pon las judías blancas escurridas, la hoja de laurel y el casco de cebolla. Ahora, las cubres de agua, pero que el agua no sobresalga más de un dedo. El tiempo de cocción depende de la dureza de las judías, pero sí: mi madre lo dijo bien: hay que ir mirando. Yo las tuve 6 minutos y me pasé un poco. Ponedlas 4 minutos a alta presión (en el 2 de la olla súper rápida, generalmente, o en HIGH si tenéis una Instant Pot). Dejad que el vapor salga de forma natural (es decir, apagad la Instant Pot y dejadla tranquila o quitad la olla del fuego y lo mismo, hasta que la válvula baje). Ahora, abrís la olla y comprobáis. El punto es que las alubias han de quedar duritas, pero hechas. O sea, no megaduras que no se les pueda hincar el diente. Las comes y dices: “esto me lo podría comer, pero estaría mejor con un minuto más”. Pues así.

Echad el aceite de oliva en una sartén puesta a calentar a fuego medio. Cuando el aceite esté caliente. añadid la cebolla, el pimiento y el tomate, cortado todo a trozos. Da igual que no sean muy pequeños, porque eso va luego a la batidora. Déjalo 7 minutos o así, dando vueltas de vez en cuando. Ahora. añade la morcilla entera y deja freír otros 10 minutos, dándole la vuelta a la mitad de la cocción. Las verduras han de quedar blanditas y pochaditas. Yo esto, cuando era novata en la cocina, no lo entendía: cuál será el punto del pochado. Pues ahora sé que se ve, porque la verdura se pone blanda y cambia de color y se deshace cuando le das un poco con una cuchara de madera.

Saca la morcilla. En el vaso de la batidora echa un cucharón del líquido de cocción de las alubias, un cucharón de alubias escurridas y el contenido de la sartén. Bate hasta que sea cremoso. Añádelo a las alubias, vuelve a ponerlas al fuego y tenlas cociendo hasta que estén blanditas y a tu gusto. Puede tardar 10 minutos o 15 o 20, depende de lo duras que las hayas dejado. Añade sal. Comienza con una cucharadita rasa, mueve la olla (en las alubias NO se mete la cuchara, que se deshacen) y prueba.

Sirve calentito y a disfrutar de la fabada.

Realmente, esto no es una fabada. Será más bien un potaje de alubias. Pero en mi casa extremeña le llamamos fabada y yo, las comidas de mi madre y el nombre que le da mi madre a sus comidas, no lo cuestiono ni se me ocurre. Soy capaz de ir a Asturias, ver una fabada y decir: eso no es una fabada ni es ná.

He dicho.

Nutrientes por 250 gramos

 

Veganeando por Granada

Granada desde el Paseo de los Tristes.

-Recuerdo cómo abrazabas a mi padre.
-Es que yo a tu padre le quería mucho.

Me lo dijo, después de cenar, la hija mediana de Jandro. En mi Facebook, durante cinco días, el año pasado, no sale ningún recuerdo: ni actualicé, ni podía, ni quería. Las cosas importantes no se cuentan ahí, aunque el resto del tiempo parezca una impúdica. Volví a irme a Granada este año. Comencé a llorar en el autobús de ida (“vosotros estáis en vuestra casa y ya no lo notáis tanto, pero, para mí, llegar a la estación y que no esté vuestro padre…”) y terminé de llorar en el autobús de vuelta, cólico menstrual mediante que me tuvo postrada viendo de golpe las dos temporadas de Stranger Things.

Te compré una gerbera roja.

Los niños no me dejaron pagar nada. Y, tras un día casi sin comer, porque justo antes de salir a Granada firmé un contrato indefinido tras doce años presentándome a exámenes y cogí el bus (sí: cogí un bus: ahora que tengo coche, descubro que me sale mucho más barato el bus para ir a Granada y, además, tengo una tendinitis que me hubiera impedido conducir aunque me hubiera atrevido a circular cinco horas yo solita), nos plantamos en el Hicuri Art Vegan. Y comimos muchas cosas ricas. Bueno, comimos Marcos y yo, porque Miriam tenía la boca llena de llagas y la pobre, comer, no ha comido mucho estos días.

Aperitivo de zanahorias con salsa de yogur

El camarero que nos atendió era majísimo. Majísimo, eficiente y de todo lo bueno. No tenían bacon, así que nos puso aguacate en las hamburguesas. Y el aguacate siempre ganará por goleada a cualquier bacon y a cualquier cosa. Como si me quieres poner un bocadillo de aguacate solo. Aquí, la hamburguesa Hicuri:

Hamburguesa Hicuri

Y aquí, la hamburguesa de pollo que se pidió Marcos y que es una cosa exquisita. Marcos es vegetariano desde hace meses (Jandro, la de cosas que te estás perdiendo es que ni te las imaginas).

Burger estilo pollo con patatas
Burger estilo pollo con patatas

Miriam se pidió una lasaña de verduras súper suave que, como tenía tomate, no se pudo comer, porque le dolía la boca una barbaridad, así que acabó en mi estómago.

Lasaña

Y, de postre, como estamos concienciados de no engordar (yo: ellos están en normopeso) compartimos una tarta crudivegana de queso. Una cosa voluptuosa y riquísima. Ha sido mi primera tarta crudivegana. Nunca las había probado. Hay que reconocer, también, que a mí me ponen algo ácido encima de una tarta y soy feliz y aquí había fresas y frutos del bosque y todo esto… con una base exquisita y crujiente.

Tarta crudivegana de queso

Al día siguiente pedimos comida de El tablón verde. Salmorejo, tortilla de patatas vegana y cuscús con verdura, que Miriam adora pero que tampoco se pudo comer.

Salmorejo. Sí, me acabo de dar cuenta de que la foto está movida

Eso sí: si queréis comer una tortilla de patatas como Dios manda, pinchad en Kiss the cook, que la de Gema es imbatible. Esta no está mala, yo me la comí con todo el gusto del mundo, pero después de haber probado la de Gema… Es que solo se le parece la de mi madre… (sí, mi madre cocina muy bien).

Tortilla de patatas. Como la de Gema no hay otra.

Y, viendo este cuscús con su mucho pimiento, pienso que debería poner algún día una receta de cuscús: cuando vuelva a comer hidratos en las comidas principales, que me los estoy recortando del todo estas semanas en previsión de lo que va a pasar durante el puente de octubre y el siguiente…

Cuscús

También (esto es un rito) nos fuimos a desayunar churros a la plaza de Bib-Rambla. Cada vez que iba a Granada, Jandro y yo lo hacíamos, así que ahora lo hago con sus hijos. Los churros, en Granada, que no falten. Además, tienen leche de soja, con lo cual yo soy muy feliz. En Extremadura hay muy pocos sitios donde tengan leche de soja. Te ofrecen sin lactosa. No quiero leche de vaca, señores: no es lo mismo una leche vegetal que una de vaca…

La tradición de los sábados

Al día siguiente, después de habernos comido la tostada, llegó Gina con más churros y redesayunamos. Porque lo mejor de los domingos es el re-desayuno. De eso no hay foto porque nos abalanzamos sobre ellos como si no acabáramos de comer. Además, estábamos muchos en casa porque el día anterior se quedó a dormir Cristina, que es la mejor amiga de Miriam.

Aprovechamos que íbamos a quedar ese sábado por la noche para comenzar la juerga por la tarde e ir al Mimimi y tomar café y tartas veganas.

Detrás están las gafas molonas de Miriam. Cuando adelgace, sé quiénes me van a llevar de compras…

Realmente empezamos por la mañana, viendo una exposición de instrumentos de tortura en la Inquisición, pero les ahorro las fotos del horror. La tarta de zanahoria y la de chocolate son mejores:

Tarta de zanahoria vegana

Lo sé: no tenemos fondo.

Tarta de chocolate y plátano

Por la noche, fuimos al Páprika. Qué calor, porque no hay aire acondicionado. Pero lo cierto es que, una vez dentro y pasado el primer golpe de calor, te acostumbras y ya no tienes. Del Páprika ya he hablado en otra entrada, pero probamos otros platos. Entre ellos, el Dip it, que es un entrante con muchos untables. Riquísimo:

Desde arriba y en el sentido de las agujas del reloj: hummus, salsa de remolacha, guacamole y algo que no sé qué es pero que fue lo primero que se acabó porque Cristina y yo le metimos mano que daba gusto

Marcos pidió las fajitas y yo, como estaba llena de la tarta del Mimimi, una quesadilla de tofu con tomate.

Quesadillas de tofu con tomate

Obviamente, este plato no tiene gracia si no abrimos la quesadilla…

Por dentro es así: tofu con tomate y hojas verdes.

Eso sí: el plato que triunfó fue el wok asiático que pidió Cris. Qué cosa más rica…

Wok asiático. Un must. Ya tenía yo ganas de poner “un must” en algo que no fuera de moda.

Por supuesto, me pasé por Especias Barranco para traerme un montón de té. Todos negros, porque verde tengo para poner una tetería en casa. Y a mí en invierno el té me gusta muchísimo, porque tiene especias y su canela y su anís y sus perlitas de azúcar y sus granos de pimienta rosa… Me traje muchísimos. Muchísimos son seis clases distintas. Y me regalaron este anillo tan precioso…

Gatitos!

Y esta taza tan monísima.

Todo lo que necesitas es amor y maullidos

Y llegué y el tiempo cambió. Escribo con calcetines en los pies y las zapatillas de invierno ya. Ha llegado el otoño. Viva el otoño, con sus purés, sus potajes, su fresquito al salir a la calle, sus hojas caídas, su vida renovada… Es mi estación favorita del año. Espero que la disfrutéis. Los del otro lado del planeta, ¡que disfrutéis de la primavera!