La importancia de ordenar

 

Estoy de vacaciones hasta el lunes. Luego, trabajaré una semana y luego me iré, por vez primera sin mis gatos, a ver teatro a Madrid. En el enlace hay un mapa con restaurantes veganos y vegetarianos con opciones veganas, tiendas y zapaterías y hasta pastelerías. En eso he invertido mi tiempo, en ver The Affair, con Dominic West y en ordenar toda mi casa.

Vitrina de la cocina
Vitrina de la cocina

Esta vitrina antes (no, no hay fotos del antes) tenía desde bolsas de agua caliente hasta cargadores de móvil, los filtros de las fuentes de los gatos… Las teteras estaban escondidas en armarios de la cocina y en cajas. Y son bien bonitas y cada una tiene una historia… Así que las he sacado y las he puesto bien visibles.

Tetera y tazas con gatitos
Tetera y tazas con gatitos

Esta tetera con sus tazas a juego, que he estado usando para desayunar (las tazas, no la tetera, que yo soy de café) me la regalaron mis compañeros de trabajo hace no sé ni cuántos años. La pedí yo, que la había visto en una tienda que se llama Delicias de Prada que está aquí en Mérida. La que os voy a poner ahora me la han regalado mi hermano mayor y mi cuñada por este cumpleaños. También estaba en una caja, fuera de la vista de todo el mundo. De hecho, ni la había abierto, con lo preciosa que es. La compraron en A loja do gato preto.

Tetera con dibujos de varios maneki-neko (gato de la suerte japonés)
Tetera con dibujos de varios maneki-neko (gato de la suerte japonés)

Y debajo están las latas de té o de galletas. Todas juntas y tapándose las unas a las otras, porque no tengo más vitrina para mostrarlas en fila india. Muchas las he comprado yo, pero la redonda me la regaló mi otra cuñada y la azul, de Londres, me la trajeron Maria y Begoña hace siglos de un viaje, llenita de té earl grey, que a mí me encanta. La de las ovejas me la regaló una compañera de trabajo, porque la tenía en la mesa y le dije que la quería (pedid y se os dará) y la que está detrás con la vaquita es de Escocia. Estaba llena de shortbreads, galletas de mantequilla típicas de allí. Algún día harán una mantequilla vegana que sepa mucho a mantequilla y la venderán aquí cerca y podré hacer unas shortbreads ricas. Es decir, dentro de 15 años o 20. O nunca, al paso que va la burra.

Latas de té
Latas de té

Yo soy esa señora que vive sola, tiene tres habitaciones y tres armarios dobles empotrados y no tenía espacio en casa. Ahora, los armarios están semivacíos, los altillos están llenos de utensilios de repostería para hacer sitio en la cocina y porque no hago repostería normalmente y la ropa me cabe porque he regalado unas diez bolsas enormes. En uno de esos armarios estaban todos estos imanes para la nevera, que han vuelto a su sitio natural.

Imanes para la nevera, en la nevera
Imanes para la nevera, en la nevera

También he ido a comprar marcos para colocar, por fin, las postales que compré en Argentina. Y he comenzado (pero en eso tardaré) a seleccionar todas las fotos que quiero poner en las paredes, en portarretratos que compré hace tres años y que siguen vacíos encima de la mesilla de mi habitación. Pero, poco a poco, la casa va tomando forma.

Postales que compré en Argentina
Postales que compré en Argentina

En el salón también hay un mueble vitrina, cuya parte de abajo tiene libros con formatos enormes que no me caben en ninguna estantería, pero me cabrán. Ahora está lleno de los platos y boles que utilizo para el blog. El reposatartas me lo regaló mi padre por Reyes unas Navidades. Y en esta foto hay una root beer que me traje de Nueva York y que no he querido tirar.

Root beer y ron miel de la boda de un muy buen amigo
Root beer y ron miel de la boda de un muy buen amigo

Cada uno tiene su historia. Los ceniceros que están debajo de las copas son de Portugal, de un viaje que hice con mi madre a Lisboa. El cuenco de sopa japonés me lo compré en una tienda de Sevilla a la que me llevó Gema. Los demás los he comprado en tiendas de artesanía, en A loja do gato preto o en Terracota Mérida. El plato para las tartas, que está en la caja rosa y gris, me lo regaló mi amiga Charo, que ahora es mi jefa. Pero sigue siendo amiga, ojo.

Platos y boles y hasta ceniceros de Portugal
Platos y boles y hasta ceniceros de Portugal

Ahora lo tengo todo a la vista y sé dónde está cada cosa. Y, además, queda más o menos decorativo. Yo sé que nunca voy a tener una casa de revista, a no ser que me toque la lotería, pero siempre se puede hacer un intento para que en los muebles no haya… yo qué sé: juguetes de los gatos, Betadine, agua oxigenada, gasas, cables… que era lo que había antes. Ahora lo miro y no me da vergüenza ajena, vamos.

Más platos y hasta un azucarero con su jarra para la leche gatuna
Más platos y hasta un azucarero con su jarra para la leche gatuna

También he colocado bien la estantería de los libros de cocina y he dejado a la vista el cuadro que vais a ver ahora, que me dibujó un amigo hace muchos años, cuando aún no nos habíamos visto (eran los albores de internet y nadie se mandaba fotos). Él me vio así. Con una paloma de la paz y el equilibrio del yin y el yan en cada ojo. Cuando él me conoció yo no era así ni me acercaba: ahora sí. Ese retrato ha sido, durante más de una década, la guía de hacia lo que quería tender.

Yo, vista por Joan, cuando aún no me había visto
Yo, vista por Joan, cuando aún no me había visto

El lunes me incorporo y el fin de semana está lleno de planes fuera de casa, así que no he ordenado del todo los libros. Sí los de las estanterías de los libros de cocina, que tengo repartidos en dos estanterías distintas de la casa. No, no os las voy a poner todas, solo los que aquí interesan.

Libros de cocina vegana
Libros de cocina vegana

En la entrada están los millones de libros que tengo de repostería. Que son todos vegetarianos y no me atrevo a veganizar, pero algún día debería ponerme, porque tienen recetas muy apetitosas. En el salón, una balda de libros omnívoros de los que no me voy a deshacer y cuatro de libros veganos y vegetarianos.

Libros veganos. Aquí están mis favoritos
Libros veganos. Aquí están mis favoritos

También colgué hace tiempo, y pongo una foto por si os sirve la idea, los moldes de bizcocho Nordic Ware con ayuda de un taco y una alcayata. Es la mejor manera de tenerlos y que no se rayen. Y quedan decorativos. Tengo tres así, pero os pongo la foto del del castillo para que veáis cómo se cuelgan.

Molde castillo colgado de la pared
Molde castillo colgado de la pared

En mi cuarto, además de dejar todo un cajón libre en el armario, decidí decorar los zapateros que tengo colgados con unos broches para los abrigos que nunca me ponía. Se pegan con cinta de doble cara en el zapatero más alejado de la mesilla, para que los gatos no los despeguen. Porque lo hacen. Lo comprobé. Al menos ahora tienen color.

Zapatero con broches pegados con cinta de doble cara
Zapatero con broches pegados con cinta de doble cara

Como los otros zapateros están en sitios susceptibles de que los gatos se pongan a jugar con los broches, cogí dos abanicos que mis amigos Jose y Maricarmen regalaron en su boda y que me encantan pero que no puedo usar porque, en el bolso, no caben. Son estos y los pegué con un adhesivo.

Abanico de papel decorando un zapatero de Ikea
Abanico de papel decorando un zapatero de Ikea

Y así, decorando y decorando, he invertido toda la semana de vacaciones. No he cocinado más que lo que tenía congelado (por ejemplo, lentejas: pues se cuece pasta y se le echa tomate frito). Y tengo que ir a comprar justo cuando salga esta entrada, porque luego me voy de juerga hasta el domingo por la tarde. Que me lo he ganao.

Ah. No me resisto a otras dos fotos. Una, de un cuadro que me regalaron mi hermano mayor y mi cuñada (los de la tetera del gato de la suerte japonés) y que compraron en Londres. Dudaban si comprarlo porque había cuatro gatos y no tres, pero justo cuando me lo iban a traer, apareció Huck en mi vida. Y ahora este cuadro y mi día a día son uno.

“Algunos te llaman la loca de los gatos, pero nosotros te llamamos mamá”

Y aquí está el tío, mirándome así mientras yo hacía fotos a las estanterías…

Huck
Huck

La parte seria de la historia es que he invertido mis vacaciones en darme una paliza de orden porque una casa ordenada es signo de una mente ordenada. Y, mirando papeles, descubrí que guardaba cosas como contratos de pisos del 2001, de casas en las que no vivo ni casi recuerdo. Y notas mentales de adhesión a la dieta (de hace tres años y aquí seguimos, paso a paso pero con una lentitud digna de estudio). Mañana iré a comprar café, verduras y cosas para cocinar… y ya cocinaré un día de estos, tranquilamente, porque después de esta semana de vacaciones me voy a Madrid… y tocará hacer crítica con fotos de todas las comidas de los restaurantes que voy a visitar. He dicho.

¿Vuestro verano, qué tal?

Tofu tandoori

Tofu tandoori con arroz integral
Tofu tandoori con arroz integral

Desde que se fueron los chavales, he ganado en silencio, pero mi casa está muy vacía. El primer fin de semana tras el Festival de Mérida pretendía descansar. Mucho. Todo el rato. Es decir, no hacer nada. Al final, para no comer ragú todos los días, eché tofu natural (este sí hay que prensarlo, pero para eso tengo TofuXPress) en una sartén y añadí especias. Y esto es lo que traigo. Comida rápida y versátil, que lo mismo se mezcla con más verduras al vapor, que se hace un salteado con fideos soba, que lo que se os ocurra.

Porque yo me dediqué a la vida contemplativa. Es decir, a ver el final de The Handmaid’s Tale, los seis capítulos que me faltaban de Game of Thrones y comencé con The Affair. Esta semana trabajo, pero la que viene ya estoy de vacaciones. Nunca pensé que yo diría esto, pero quiero ordenar. Sobre todo, quiero tirar. No tirar del todo, pero regalar sí. Yo, que tengo poca ropa, no tengo espacio en los armarios. En la vitrina de los platos que está en el salón tengo los juguetes de los gatos y la cámara de fotos. Y agua oxigenada y Betadine, que no me cabían en otra parte. Necesito que el espíritu de Marie Kondo me invada, aunque tenga que hablar con mis calcetines y decirles: estáis roídos, creo que es hora de que os deje marchar, gracias por haber calentado mis pies en invierno… Y, sobre todo, necesito doblar la ropa de modo que me quepa bien y no se arrugue, sobre todo cuando decidí no volver a planchar nunca más.

Parezco una mari. Pero el orden es muy importante, porque, cuando hay desorden externo, lo hay interno. En esa semana de vacaciones (luego trabajo otra más y luego me vuelvo a ir: pero esto sí que pretenden ser va-ca-cio-nes) pretendo ordenarlo todo. Empezando por la ropa y terminando por los libros (me hacen falta estanterías, por cierto). Otra cosa es lo que me dure el orden a mí…

La cocina también necesita ordenación. En la vitrina están todos los cargadores de los móviles. Ahí sí que no me caben las cosas… Menos mal que el tofu se guarda en la nevera… ya os contaré si consigo mantener los armarios con la ropa en paquetitos…

Ingredientes para 2 raciones de tofu:

  • Un bloque de tofu natural prensado, porque tiene mucho líquido. Si no sabéis prensar, en ese enlace tenéis explicaciones.
  • 3/4 cucharadita de sal y una pizca
  • 1 cebolla y media cortada en cuartos y luego en tiras finas
  • 3 dientes de ajo muy picados (le podéis echar más o menos: esto, a vuestro gusto)
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • De 1 y 1/2 a 3 cucharaditas de especias tandoori (las podéis encontrar en tiendas de especias, si vivís en alguna ciudad grande. Yo las compré en Granada. Si no, siempre quedará internet)
  • 2 cucharadas de levadura nutricional
Tofu tandoori con arroz integral
Tofu tandoori con arroz integral

Preparación:

Calienta el aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio. Añade la cebolla con una pizca de sal y sofríe, removiendo de vez en cuando, hasta que se dore, lo que te llevará unos 10 minutos. Luego, añade el ajo y tenlo 30 segundos, hasta que desprenda aroma.

Ahora, agrega el tofu y el resto de la sal y fríelo 10 minutos, dándole unas vueltas de vez en cuando para que se dore por igual. A mí me gusta crujiente, pero el tofu natural no queda tan crujiente, aviso. Ten al lado de la sartén un vaso de agua, por si se queda seco, que puedas echar un pelín de agua. Yo lo que hago es meter los dedos en el vaso de agua y salpicar la sartén. Sí, en mi casa se cocina con las manos.

Tras este tiempo, espolvorea las especias y la levadura nutricional y ten el tofu de 5 a 10 minutos más, removiendo y añadiendo salpicaduras de agua si ves que le hace falta. No, la cebolla no se quema, si lo mantienes a fuego medio y si le das vueltas y estás pendiente. Prometido.

Un verano con adolescentes

Cuando estudiaba en la Universidad, los dos primeros años de Publicidad y Relaciones Públicas, Comunicación Audiovisual y Periodismo eran comunes. Yo tenía 18 y en mi clase había un chico que me llevaba 10 años, que luego se fue a Rumanía y se enamoró. Su primera hija nació allí y yo me recuerdo visitando tiendas en Melilla, hace casi 18 años también, para comprar ropa que no fuera rosa. Un pluma rojo, un pantalón de pana amarillo con pollitos, una sudadera azul marino con pollitos. Por si acaso tenía más hijos algún día. Miento, no era por eso: era porque, en aquellos tiempos, odiaba el rosa y su adherencia de género.

Ahora hay tres niños, de 17, 15 y 13 que han estado en mi casa diez días. Solos. Sin sus padres. Yo, poniendo kilos. Por lo visto, ellos también.

Viriato, de Verbo Producciones
Viriato, de Verbo Producciones, en el Festival de Mérida. Foto de Jero Morales.

Mi verano ya lo he contado muchas veces. Desde La Orestiada a Viriato han pasado dos meses de no tener tiempo ni para rascarme. Que lo hubiera tenido si no me hubiera echado siestas de dos horas y si no hubiéramos tenido no sé cuántas olas de calor y alertas naranjas, que a mí me dejan con ganas de echar tomates en la batidora y hacer gazpacho nada más.

Con dos botes de tomate frito casero, gazpacho de cerezas y ragú de soja texturizada en el congelador, aparecieron estos tres omnívoros irredentos en casa. También había cantidades industriales de Heura, pero cuando supieron que no era pollo, ya la textura no les convencía. El año que viene me plantearé hacer otras cosas… pero están acostumbrados a… pues a los sabores fuertes, como todos los adolescentes, y a no ver las verduras más que en forma de purés o ensaladas: no como yo las uso, quiero decir. En mi casa no se comen animales, pero fuera han comido lo que han querido, obviamente, así que he visitado el Burger King un par de veces, el 35 Burger otra vez más (yo hubiera querido que fuera al revés, porque allí hay una hamburguesa vegana) y varios de los restaurantes de tapas de Mérida… menos el que más me gusta, que es el Fusiona. Han visto un concierto de fado y flamenco de Katia Guerreiro y Arcángel en el teatro romano (mientras, en mi casa, sonaban Melendi, Dani Martín y Macaco (me niego a poner enlaces) y también La comedia de las mentiras.

Katia Guerreiro en el teatro romano de Mérida
Katia Guerreiro en el teatro romano de Mérida. Foto de Jero Morales

De este periplo he aprendido varias cosas. Una, que criar hijos es agotador. Dos, que soy mis padres, los dos: qué hacen las luces encendidas a todas horas, poned la mesa ya, cuando yo digo que pongáis la mesa es que pongáis la mesa, os créeis que soy de la compañía eléctrica, lo que hay para comer es esto: si no lo coméis, de hambre no vais a morir; come un poco más, que no has comido nada y de mierdas no te puedes alimentar todo el día; ni se os ocurra comer guarrerías antes de comer, no estáis en un hotel, os creéis que soy vuestra esclava… Todo el repertorio. Todo. Completo.

También he aprendido que, cuando viene gente a casa, con las comidas hay que planificarse muy bien: no se trata de que yo no haga platos apetecibles: se trata de que hay que cocinar con antelación y hablar con los padres, no ir improvisando sobre la marcha. La próxima vez saldrá mejor. Porque vendrán en invierno y no todos a la vez.

Hice un brownie, por cierto, y Nutella vegana con receta de Mi vega blog. Del brownie hay una foto penosa de móvil, que es esta: ya lo repetiré en otra ocasión y pondré la receta correctamente.

Brownie con mermelada de frutos rojos
Brownie con mermelada de frutos rojos

Y hemos hablado mucho. De muchos temas. He descubierto que Martina es como su padre. Igualita. Nos hemos confesado cosas, nos hemos abrazado mucho, nos hemos dicho que nos queremos, nos hemos puesto hasta las trancas de comer, hemos dormido siesta y hemos visto la trilogía de Jesse y Celine de Richard Linklater (Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight) y hemos debatido sobre las relaciones de pareja, sobre las relaciones de amistad, nos hemos reído mucho, hemos dado alguna que otra voz y nos lo hemos pasado muy bien. Es agotador, pero muy divertido. Les dije que me pusieran un mensaje en la agenda del año que viene, el día de su cumpleaños, y Martina nos dibujó.

Familia de Mérida
Hasta los gatos están tal cual. Yo, ni os digo.

Luego han ocurrido más cosas que no voy a contar, porque Mérida es como Las Vegas. Lo que pasa en Mérida, se queda en Mérida. Lo que más les gustó fue la ruta Mérida Secreta. Lo que menos, me temo que mi comida. Snif.

Sí: ha sido agotador y sí, me he quedado con ganas de más. Pero no lo digáis muy alto

El fin de semana espero tener tiempo de cocinar, por cierto. Estoy del ragú que sobró hasta atrás.