Tú no tienes fuerza de voluntad

Tú no tienes fuerza de voluntad.

Que levante la mano cualquiera que haya intentado hacer dieta y que no haya oído eso.

También oímos otras cosas. Cuando llevamos la comida a algún sitio para no saltarnos la pauta dietética: que si por un día no pasa nada, que menudo aburrimiento tanta lechuga; que sí, que eso es cara a la galería, pero seguro que en casa nos hinchamos a patatas fritas. Que no vamos a poder adelgazar nunca y que un día es un día y por un día te la puedes saltar y coge un trocito de esto y otro de lo otro. Y postre, café, copa y puro.

Patatas fritas de bolsa
Patatas fritas de bolsa

Súmale cinco máquinas con bollería, patatas fritas y chucherías varias en el trabajo, más ese café al que hay que echarle azúcar (ya saben: lo llaman ‘café de máquina’ porque ‘dame veneno, que quiero morir’ ya estaba cogido por Los Chunguitos). Platos tamaño pizza familiar en los restaurantes, cinco amigos pidiendo siete raciones más vino más postre. Todos delgados, cago en la puta. Vida social. Bodas, bautizos, comuniones. Mucha más vida social. Vino. Bizcochos con chocolate.

Al final, el único lugar seguro es tu propia casa.

En casa no tengo nada que pueda picotear. Y, cuando lo tengo (confieso que, en mi despensa hay, ahora mismo, una barra de turrón de almendra marcona artesanal -solo lleva almendra molida, ralladura de limón, canela y, por supuesto, azúcar- y cinco tabletas de chocolate negro) y me entra hambre, ni siquiera me acuerdo. Cojo un par de nueces y me quito la gazuza. Pero, cuando entra el estrés o salgo fuera… y ese “salgo fuera” implica las ocho horas de trabajo de lunes a viernes, los bares, las casas ajenas y todo lo que no sea la propia… Ah, cuando salgo fuera… Carta blanca, señores. Yuju y viva. Vivan la pizza, vivan las patatas fritas, vivan las croquetas de boletus y las de espinacas con piñones.

Para otros no es la casa. Porque en casa se aburren y picotean. El único remedio a eso es no tener nada que se pueda picotear: ni patatas, ni frutos secos fritos, ni pastas para el té ni galletas ni gominolas. “Es que los tengo por los niños”: esa es una de las excusas más frecuentes que se escuchan. Pues precisamente por tus niños tampoco los compres: es mejor que no coman mierdas de estas.

Coaching nutricional
Coaching nutricional

Hace algún tiempo, Julio Basulto recomendó el libro Coaching nutricional y dijo que era el único científico que se había escrito en España, con sus referencias bibliográficas y de estudios comprobados. Desconozco en profundidad los planteamientos del coaching, pero, cuando la palabra “coach” va unida a “nutrición”, yo desaparezco. Porque prefiero que ponga “técnico superior” o “dietista-nutricionista”. La nutrición es una disciplina lo suficientemente seria como para exigir que una persona tenga conocimientos actualizados y, sí, con diploma oficial acreditativo. Y además un coach no es un psicólogo, pero a veces se le parecen y yo, psicóloga, ya tengo una. Muy buena. Buenísima. Se lo digo en cada consulta: “Es que eres muy buena”.

Después de dos meses poniéndome hasta las trancas, decidí comprarlo y leerlo, con una libreta al lado para apuntar. Realmente, es psicología cognitivo-conductual, así que, como primer punto de partida, está muy bien si uno sigue una terapia. Supongo que, si nos encontramos con un caso de obesidad que, además, esté asociado con ansiedad crónica, depresión o maltratos, su mente no va a tener la suficiente capacidad como para, con ayuda de un libro, poder cambiar su comportamiento de la noche a la mañana. Pero, si ya hace terapia (cosa que recomiendo a todo el mundo), le será más fácil descubrir qué puede hacer para evitar dejar de adherirse a una pauta dietética y por qué, hasta la fecha, no ha sido capaz de adherirse.

Leer este libro con un cuaderno al lado para ir apuntando cuáles son tus pensamientos boicoteadores (sí, la gente que nunca ha estado gorda lo ve todo muy fácil: “pero te puedes comer de Pascuas a Ramos una galleta de chocolate” -no, vamos a ver: yo me como el paquete entero-) y por qué los tienes (sobre todo, por qué los tienes y a quiénes se deben) no es un ejercicio fácil. Hay que pensar mucho y más allá: cuál es tu relación con la comida, cuál era la relación de tus padres y abuelos con la comida y con las pautas dietéticas, con la culpa, con los caprichos de “por un día no pasa nada” (aunque luego pase esto que contaba El Mundo Today: “Un gordo en dieta estricta lleva acumulados 1063 días especiales consecutivos“), cuáles son los mensajes que has recibido sobre tu comportamiento durante toda tu vida y qué estás dispuesto a hacer y qué no, con sinceridad. Y, lo aseguro, colocarse, definirse, en relación con la familia, los padres, los hermanos, tíos, sobrinos, primos y demás, amigos y compañeros de trabajo no es fácil. Es un pequeño camino de enfrentamientos constantes y faltas de respeto y resistencias. Porque, no nos engañemos, el común de los mortales construye sus relaciones basándose en parámetros de fuerza y dominación, de juzgar vidas ajenas y de pretender que te comportes como siempre lo has hecho o como ellos querrían.

Aún no he acabado de leerlo (porque voy apuntándolo todo y además tengo un examen para no perder mi empleo un día de estos), pero creo que es una buena herramienta y que Yolanda Fleta y Jaime Jiménez han hecho un buen trabajo.

Al principio quería hacer una entrada con todos esos pensamientos erróneos que todos tenemos cuando queremos adelgazar y vamos muy lentos y no nos controlamos y de pronto, ah, hay patatas bravas en la mesa. Pero, después de leer mi libreta, no se me ocurre ni aunque me maten… 😉

Vegan Place

Caja de Vegan Place
Caja de Vegan Place

Hace algún tiempo, mi amiga Cristina decidió abrir una tienda: la llamó Vegan Place. Así que allí estábamos, asesorando y deseando que se pudiera comprar online. Pues desde primeros de marzo se puede. La tienda física está en la Avenida de los Guindos, número 31 de Málaga. la tienda virtual está en la red.

Tiene cosas que yo quería probar y que no encuentro, como el tofu de curry y mango. Y algunos productos que le hemos encargado las amigas (virtuales, además) porque, ya que los va a vender ella, pues se los compramos. Tiene mérito poner una tienda vegana en Málaga, la verdad. Tiene mérito poner algo vegano en cualquier lugar que no sean Madrid y Barcelona.

Pues bien: hice mi primer pedido el jueves y llegó todo el viernes antes de las diez de la mañana. Yo salgo a las cuatro del trabajo, así que llegué a casa y me dispuse a desempaquetar cajas en el salón, para poder hacer fotos… Y no me di cuenta del binomio caja-gatos…

Breíta viendo la caja de Vegan Place
Breíta viendo la caja de Vegan Place

Me regaló un montón de cosas. Por las semanas hablando de la tienda y de los productos que podría tener.

Por ejemplo, esta tacita que es mi nueva taza favorita, junto con otra que tiene un gatito que eligió mi sobrino.

Taza con gatito
Taza con gatito

También me dio una pasta para que la probara, porque a ella le gusta mucho y me contó que la empresa, Spiga Negra, lo hace todo, desde cultivar el cereal en Andalucía a la molienda y la pasta en sí. Tienen formas preciosas y tradicionales. Estas son las que voy a probar yo.

Pasta de Spiga Negra
Pasta de Spiga Negra

Y luego, este muesli que voy a desayunar los fines de semana, alternándolo con las tostadas:

Muesli crudo
Muesli crudo

Y luego venían muchas cosas más, con ingredientes que compré yo y que no tengo ni idea de cómo usar, como la yuba, por ejemplo, o los escalopines de soja, pero ya lo averiguaré, que tampoco tiene que ser tan difícil.

Espero que tenga mucho éxito y que vaya creciendo como proyecto. Colabora con el Santuario La Pepa, también, así que tiene tazas y ropa que podéis comprar, además de la comida.

Si tenéis dudas sobre cómo ser veganos o vegetarianos, también os las puede resolver (las más básicas, ojo: si sois como yo y tenéis una enfermedad inflamatoria intestinal, pues acudid a un nutricionista: me refiero a cosas como: qué hago en restaurantes, dónde aprendo qué ingredientes proceden de un animal, cómo lidio con mi familia y mis amigos…).

Si estáis en Málaga, os podéis dar una vuelta por allí. Si no lo estáis, también venden por internet. Por favor, sostengamos el pequeño comercio entre todos.

Y no, Cristina no me ha pagado un duro por esto ni me regaló la taza y la pasta y el muesli para que yo escribiera aquí. Es que ella es así de maja.

Primer estudio en población vegetariana y vegana española

En España no hay ningún estudio sobre la población vegetariana y vegana: cuáles son sus condicionantes, sus problemas de salud, si mienten a sus médicos porque los médicos les preguntan si tomen proteínas, qué suplementos podrían necesitar en España además de la B12, si es que necesitan alguno. Si precisan Omega 3, Omega 6. No hay nada: cualquier cosa que hagamos, aunque sea una foto, estará bien. Eso dijo Aitor Sánchez García en este vídeo, en el que explica en qué va a consistir el primer estudio en población vegetariana española mucho mejor que yo.

El estudio lo lleva el Centro Aleris, con Veggun y el CSIC.

La dieta vegetariana y la dieta vegana (vegetariana estricta) se contempla como una dieta de riesgo porque elimina alimentos. En esta España nuestra en la que la gente come hortalizas de forma testimonial, salvo el gazpacho del verano, la dieta vegetariana no se comprende desde las instituciones públicas, y llamo instituciones públicas al sistema sanitario y al educativo: desde el médico que no sabe de nutrición hasta el comedor escolar que no contempla opciones veganas y que considera que el tomate frito de bote es verdura.

La gente que elige ser vegetariana o vegana suele ser gente normal. Gente normal que compra en Mercadona o en el Día, que sale con sus amigos y pide ensalada de lechuga y tomate porque no hay opciones lógicas en los restaurantes y que, generalmente, no conoce a ningún otro vegetariano o vegano a no ser que se los encuentre en foros de internet. Yo, en mi ciudad, no conozco a nadie. En Badajoz está mi amiga Marisol, que no es de ningún foro. Pero nada más.

Han comenzado primero en Madrid, pero luego se extenderán a otras partes. Para participar hay que ser mayor de edad y estar sano. Es decir, yo no puedo. Porque yo estoy mejor que nunca gracias a que como bien, hago ejercicio y estoy adelgazando y algún día estaré en normopeso, pero en mi cuerpo hay una autoinmune. Sin la colitis ulcerosa, yo no estaría camino al veganismo, no sabría cocinar más que un filete a la plancha, no hubiera conocido a Aitor y no hubiera ido a terapia, lo que me ha permitido quedarme con la gente que me interesa y mandar a tomar por culo a todos los demás. Pero esto, para el estudio, no me vale.

Si estuviera sana, me apuntaría sin dudar. Creo que es imprescindible que los nutricionistas y el resto del personal sanitario y las administraciones y la Universidad tengan datos reales de la población vegetariana (y vegana) que hay en España, cuál es su estilo de vida y cómo están diseñadas sus dietas. Sí, pueden estar mal diseñadas: las patatas fritas son veganas. El ketchup también. Hay un sinfín de bizcochos, galletas y dulces veganos por ahí. En los supermercados no encuentro leche de soja sin endulzar, pero bizcochos, por un tubo.

Chai spice snickerdoodles
Chai spice snickerdoodles

En otros países, se dan recomendaciones serias para la población vegana y vegetariana, adaptadas a los productos que se ofrecen allí. Por ejemplo, en Australia. En Estados Unidos. En el Reino Unido. En Portugal. Espero que se consiga una buena muestra de población en el país y que más pronto que tarde tengamos un estudio al que agarrarnos cuando alguien nos diga que nos faltan proteínas, zinc, magnesio, hierro o que nuestra dieta no es sana o que la carne y el pescado son necesarios para vivir porque yo como pescado y he perdido diez kilos…

Apúntense. Estén pendientes de esta noticia. Muchas gracias.